LA ELECTRO MECÁNICAS, “LA LETRO” Y SU EXTRAORDINARIA EXPOSICIÓN.

Cartel anunciador
Tengo todo el material fotografiado de la interesantísima exposición sobre esa industria mater desaparecida de Córdoba, la Electro Mecánicas “la Letro” para los de a pie, pero me pesa mucho escribir sobre ello después de haber leído muchos buenos trabajos y escuchado muchas historias sobre la misma. He vivido en primera persona el cierre de Locsa, y compartido con muchos de sus componentes muchas horas de conversaciones, serias y menos serias, en ambientes serenos y de peroles. Me sé de memoria, muchos nombres y vida y milagros de sus protagonistas. He constatado la conversión de muchos revolucionarios entonces y confirmado lo que significa la deriva del converso.
Creo que, en el fondo la labor organizativa y reivindicativa sindical y la lucha de los trabajadores, ha llevado a los afectados a tener un retiro digno, a la mayoría el máximo que permite la ley y a muchos indemnizaciones millonarias, en pesetas, por aquello de que los duelos con pan son menos. No se podría entender Córdoba sin esos cien años de industria. He de decir que nadie en mi familia ha pertenecido a la “fábrica”, que mi cercanía a ella lo ha sido por los amigos actuales y vecinos de mi barrio, la Mezquita, en el que había varias familias que trabajaban en ella. Así a voz de pronto me acuerdo de Manolo Soriano y su sobrino Cecilia, de Ángel Caballero, de Ariza, marido de la Manola, del Nene-niño, Borrego, Fariña (no tiene nada que ver con el gallego si se me permite la broma), mi buen y malogrado amigo Antonio Salcedo, etc. etc.

Todos, o una gran mayoría, ciclistas, pues era el medio que empleaban para acudir al trabajo. Luego fui viendo la motorización de muchos, primero el “mosquito” y luego la motocicleta para después el seiscientos. Me acuerdo de un accidente en el peligroso viaducto, que se llamaba de la Electro, de Cecilia con su moto impactando con la cabeza en la caja de herramientas de un camión. En el bloque donde vivo desde el año 1973, había dos vecinos que trabajaban allí también, hablo en pasado porque una señora, Rafaela, ya no vive y otro que se marchó de la casa, un tercero trabajó en ella antes, que si vive aún y tiene ochenta y un años. Era una gran influencia que ejerció “la Letro”, sobre la economía de los cordobeses y cordobesas, . 

Creo que, si es raro no tener un familiar o amigo que no haya sido platero, le gana con creces el no tener un amigo o familiar que no haya trabajado en la “Letro”. Si tuvo en algún momento cuatro mil personas de plantilla, esto se entiende. Y luego estaba el entramado social, con esa paternalista forma empresarial, que conseguía, darle a los trabajadores todo lo necesario. También cuando trabajé de cobrador de autobús, allá por el 1969, viví esas madrugadas en las que llevábamos gratis a los empleados, no a los obreros, a la fábrica y entrabamos a ella con el autobús especial, para después incorporarnos a la línea normal. El paternalismo pasó en lo últimos tiempos por la división de la masa obrera, por aquello de divide y vencerás.

Recuerdo con horror una redada de la policía fascista, creo que por los cincuenta del siglo XX, que se asemejaba a las que hicieron en la guerra incivil para llenar camiones y fusilar a los trabajadores, diezmando los turnos, en aquella ola de terror sistemática para vencer en las ciudades controladas por los golpistas cualquier atisbo de resistencia. Recuerdo esa redada porque detuvieron al hermano de mi tía Maruja, que para más inri, era una persona poco revolucionaria, pero le tocó. Aquello fue sonado en la familia, y a mí, personalmente, me cayó bien el hombre después, porque lo habían tachado de comunista, sin serlo, pero ya lo habían marcado con la detención y posterior paliza-tortura-policial, como tal. Después conocí a muchos de  los verdaderos revolucionarios, hoy algunos ya poco, por las teorías filosóficas de Ortega, pero que en aquellos entonces eran los “guardianes de la revolución”. Es normal, la juventud lejos, bastante pasada y un retiro cómodo, permiten ciertas libertades y suavizaciones revolucionarias.  

Economato, que era un lujo, médico, atención farmacéutica, colegios, Escuela de Aprendices, y casa -es verdad que para todos no- cuando se vivía hacinados en casa de vecinos, era elementos de sobra para querer a la empresa, sobre todo los beneficiados. Luego Club de Matrimonios, antes equipo de fútbol amateur y campo de deportes. La empresa evidentemente no daba puntadas sin hilo. Este especie de socialismo paternalista, era una forma de conseguir un mayor apego empresarial, que sin duda redundaría en una mayor producción y por ende en un mayor beneficio para los accionistas. Después vinieron las disgregaciones empresariales, que aún hoy, soy incapaz de seguir ese árbol genealógico, incluso la nuevas ramas que ya no tienen nada que ver, o ver poco teóricamente, con el tronco principal.   

No quiero olvidar el esfuerzo que se ha tenido por una serie de personas para conseguir que después de cien años, se instalase esta interesante exposición, porque era necesario. No conozco al equipo completo, pero sí a un peón de brega, empleando la terminología taurina, por el valor que hay que tener para esta lidia, Bartolomé Olivares, que sin ser el comisario de la exposición está dándolo todo por el éxito de la misma y que obviamente, en gran parte estimo, se debe a sus desvelos. Por lo menos es lo que veo. El viernes pasado estuve de espectador en una mesa redonda, en la que otro luchador, el sociólogo Pedro Pascual, coordinó la recogida de la memoria oral de los invitados, entre los que afortunadamente había dos mujeres.

Entre los recuerdos expuestos en la citada mesa, la dudas personales, la defensa de la lucha sindical, e incluso la exposición de expresiones económicas de alta empresa, que justificaban, acaso, determinaciones de dirección. Hubo algunas propuestas, la primera de ampliar el tiempo de la nostálgica muestra, y otra de conseguir alguno de los edificios abandonados, que fuesen testigo inmemorial, de la fábrica y sus gentes. Pese a lo que pese, no se puede olvidar el impacto de la Compañía Española de Construcciones Electromecánicas, recortada Electro Mecánicas, y más recortada “Letro”, ha tenido en la ciudad, sin olvidar que a la vez desaparecieron muchas industrias de calado también, que se pueden citar a riesgo de olvidar alguna: Serra León, Fundiciones Alba, La Cordobesa, La Porcelana, Easo, Rodríguez, etc. etc. que significaron convertir nuestra ciudad en una ciudad de servicios.

El declive y desaparición de esta empresa, fue sin duda, el declive de la actividad industrial y empresarial de nuestra ciudad y de la incapacidad y desidia de sus gobernantes para conseguir su sustitución por otras o por mantener algunas. Es verdad que la desaparición de muchas de ellas fueron fruto de la marcha de este valle de lágrimas de los patriarcas, por ser industrias meramente familiares. Pero esto no justifica nada, la falta absoluta de iniciativa es una realidad. Antes hasta un ferrocarril para llevarse fuera de nuestra provincia los minerales que, desde antaño, han extraído todas las civilizaciones sin dejar nada aquí. Bienvenida esta exposición, importante reactivar esos recuerdos, conocer los materiales expuestos, a sabiendas que muchos de ellos quedaran en esa joya de la corona municipal que es el Archivo Municipal, donde se custodiaran con esmero por los siglos de los siglos, para goce de los investigadores y generaciones futuras.

Fotografías y vídeo de la exposición
Bibliografía de la vida misma

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