SANTO DOMINGO DE SCALA COELI

Fachada principal del Santuario
Son muchas las veces las que he estado en el Santuario de Santo Domingo, la mayoría de ellas sin entrar en él. Ha sido base de partida de otras rutas por los alrededores; subida hacia los Villares; con búsqueda de una gruta en los farallones de Barrionuevo; bajada al cortijo de Barrionuevo; subida camino del de los Porras pasando por el de Jesús María y José; rutas circulares por las canteras de Orive; visita de la huerta y alberca de Cabriñana, varias veces. He visitado las tres ermitas y el calvario, sin ninguna connotación religiosa, simplemente por lo maravilloso del entorno. Y me he sentado este año de aguas, a escuchar el salto del arroyo de Fray Luis, luego de la Palomera cuando llega al feudo de San Pablo, al lado de su monumento que pintó Romero Barros,
Ermita de San Álvaro (que es Beato)

Detalle
La mejor de ellas una visita con Antonio Salcedo, llamamos y nos abrieron la iglesia, y pudimos comprobar teniendo a Antonio como cicerone, todas las obras de arte que contiene. Nos llamó la atención el pequeño coro que está detrás del altar mayor, los frescos que tapizan paredes y techos del templo, los múltiples cuadros, y en suma el barroco del conjunto completo. Fue la mejor de las visitas realizadas, porque no había cuadro que Antonio no conociera, e incluso mejor que el anfitrión que muy cortésmente nos facilito la entrada.  
Reja de la Ermita de San Álvaro

Interior
Luego estuve otra vez en ella, asistiendo a una de las bodas más pijas del mundo. Horrible el personal, muchos kilos del titulillo “o sea”, y maquillajes color ladrillo, sin olvidarme de las pamelas -tipo de las tradicionales carreras de caballos de Ascott-, de las damas. O los chaqués, esmóquines o frac, muchos alquilados, de los caballeros asistentes. Mientras que nosotros íbamos de manga corta. Aprendí las diferencias; chaque abierto el faldón trasero, para poder subir al caballo, y traje de mañanas; esmoquin para las mañanas, además era el traje de los fumadores, de ahí el nombre; frac la máxima etiqueta masculina, dónde algunos llevaban medallas con olor a naftalina.
Calvario, al fondo el santuario
Ermita de la San Cruz
Luego, otras veces, la entrada lo ha sido aprovechando los prolegómenos de un acto religioso, o cuando este acababa, es decir una misa. Nunca he pasado a la parte privada conventual, no he tenido oportunidad de conocer ese lugar del convento que Antonio conocía. Decía mi amigo Antonio Salcedo, que en cierta ocasión en un derribo, había azulejos en el contenedor para el vacie, que habían estado en la celda de Fray Luis de Granada (¿?), él cogió un par de ellos antes de su destrucción. Yo particularmente pienso que puede ser una exageración, ya que son muchas las vicisitudes que habían ocurrido desde que Luis de Sarriá (Fray Luis de Granada) en 1530, donde cultivó su amistad con S. Juan de Ávila, llegó al convento. De cualquier forma él sabía mucho más que yo de estas cuestiones. Luego el cabreo que cogería Fray Luís con la monja embustera a la que creyó, y la persecución suya posterior de la “Santa Inquisición”. 
Ermita de la Magdalena
“De los recuerdos más antiguos que tengo es cuando con cuatro años me llevo mi tío Fernando a dormir a su casa, para por la mañana ir de perol a Santo Domingo, a la Romería. Luego el perol se quedó en el Molinillo Sansueña, eso era ya el campo para los peroles. En casa de mi tío Fernando, que estaba en la calle Judíos -curiosamente luego la utilizó mi tía Rafaela y tío Pepe, que allí murió, en esa misma habitación-, no se me olvida que rezaban el rosario por la tarde, en mí casa eso no se hacía.” (de otra entrada del Blog)

 Bajada al arroyo de Santo Domingo, o de los Cedros, como le llamaban
Y la Romería… el sabor de las coplas de Ramón Medina, al imaginar la “Hechicera cordobesa nacida en el barrio de San Agustín, que llenas la romería de luz y alegría, de risas sin fin. Y si el mozo que te da achares lo ves con otra bailar, cántale por soleares que son de tus lares el mejor cantar”.  Y todo eso Caminito de Santo Domingo una mañana florida de Abril. O el desfile de carrozas con el clásico mudo limpiabotas, con su motocicleta engalanada. Los caballos. Los cohetes. Las carrozas. Y los peroles desde el Molinillo Sansueña para arriba. O la “Mecedora”, en un talud de la carretera, cantando con otros colegas, “Moliendo Café”, con el mismo vaivén y ritmo, que usaba para andar.
Vista del santuario desde la Ermita de San Álvaro

Voy a transcribir parte de la obra Paseos por Córdoba, de D. Teodomiro Ramírez de Arellano. La dedicada al Santuario de Santo Domingo de Scala Coeli y que es todo lo que a continuación está entrecomillado y en cursiva. La obra constó de cuatro tomos, escritos: el primero en 1873, el segundo en 1875, el tercero en 1877 y el cuarto a principios de s. XX, en el que queda inconcluso el Paseo por el barrio de la Catedral como él lo llamaba y algo de los sitios notables del término. Fallece en Córdoba el 18 de mayo de 1909. Ciento diez años han transcurrido desde el último libro:
Peña del Cambrón, arriba de Cabriñana, o el Valle de San Benito
“En la parte de las huertas de la sierra visitada principalmente en primavera por los cordobeses y forasteros, debemos citar como las más notables las de Morales; Segovia, antes de Valero; Celina, antes de Baena; Vega Armijo, antes de los Arcos; el Cerrillo, Santa María, Quitapesares y Olías, siendo la primera y última las de mayor producto, a causa de su extensión y arbolado. 

Cortijo de Barrionuevo

SANTO DOMINGO DE SCALA COELI

Nos queda un lugar muy notable de nuestra sierra que visitar minuciosamente, y éste es el bonito templo de Santo Domingo de Scala Coeli. Antes de penetrar en la iglesia, antes de contar cosa alguna referente al convento ya destruido que a su lado tenía, estamos en el caso de dar a conocer a su célebre fundador San  Álvaro, uno de los hombres más ilustres por su ciencia y sus virtudes que ha visto la primera luz en Córdoba, aunque es madre de tantas y tan justas celebridades. 

Fachada principal

Descripción de la iglesia

La iglesia es de una sola nave de medianas dimensiones, con la bóveda pintada al fresco y con luces agradables; el altar mayor es de talla sin dorar y de mal gusto, pero con buenas imágenes, las más de ellas pintadas en nuestros tiempos, puesto que antes estaban también del color de la madera; en el sitio principal o sea sobre el manifestador, vemos a Santo Domingo en penitencia, teniendo a su derecha a San Pedro de Verona y a su izquierda a San Jacinto de Polonia, ambos de medio cuerpo; sobre la cúpula del templete que forma el centro de éste retablo se ve a Santo Tomás de Aquino; en la parte inferior están Santa Rosa de Lina [sic] y Santa Catalina de  Sena [sic], ambas muy lindas esculturas. Este altar está considerado como estación a San Juan de Letrán en Roma. 

 Monumento a San Álvaro de los Hnos. Rueda
En los lados de la nave encontramos el altar de la Purísima Concepción, estación a San Pedro; el de Nuestra Señora del Rosario, que lo es a Santa María la Mayor y cuya imagen es de escaso mérito; el de San José lo es a San Pablo, escultura bastante regular; el de Santa Catalina de Alejandría, a San Lorenzo, extramuros; el de la Magdalena, estación a San Fabián y San Sebastián, es una bellísima escultura que con razón es elogiada por cuantos visitan ésta iglesia; se cree es traída de Venecia, y el de la Impresión de las llagas de San Francisco, es estación a la Santa Cruz de Jerusalén, cuya escultura parece de la misma mano que la anterior, pero mucho mejor acabada y entendida. 

Espadaña
Cerca de la puerta está el altar del Santísimo Cristo de San  Álvaro, una de las imágenes más veneradas de Andalucía y a la que la tradición achaca un origen milagroso: cuentan que San  Álvaro deseaba tener en su iglesia una imagen de Jesús Crucificado, no consiguiéndolo por carecer de medios, puesto que había apurado cuantos encontró para labrar aquélla y el convento; su corazón caritativo le hizo fijarse un día en cierto pobre tirado en el camino, desfallecido por el cansancio y el hambre: invitóle a seguirle al convento; mas no pudiendo levantarse, echóselo sobre sus hombros, llegando hasta la portería, donde lo dejó, entrando a dar aviso para que le ayudasen a subirlo a su celda; cuando volvieron el pobre había desaparecido y en su lugar estaba la sagrada imagen que tanto se venera en aquel lugar y que ella misma vino a satisfacer con creces los deseos del humilde y piadoso Álvaro.

Veleta
Siglos ha permanecido constantemente adorado por infinidad de devotos, en un modesto altar erigido en aquel sitio; pero la fervorosa Hermandad que tanto, como diremos, ha hecho por el histórico santuario, acordó en 22 de octubre de 1865, colocarlo en el mismo lugar, de una manera más digna y decorosa; al efecto hizo una póstula que dio los mejores resultados, tanto en aquel año como en el siguiente, logrando labrarle un bonito camarín con sacristía debajo, retablo, cruz y una magnífica repisa, acabándolo de dorar todo en el año 1873, después de haber luchado y vencido cuantos obstáculos se le presentaron. 

Llamadores

Frente al altar del Santísimo Cristo hay una pequeña capilla muy antigua, puesto que fue donde al morir San  Álvaro dieron sepultura a su venerado cadáver. Hay en ella dos altares, el uno ostenta un busto del santo, que tradicionalmente se tiene por retrato, y por bajo  las reliquias del mismo: al otro extremo hay un bonito Ecce-Homo que la Hermandad ha conseguido le devuelvan, puesto que cuando la ex-claustración lo recogió la Comisión de Monumentos de la provincia, la que se llevó también un precioso Crucifijo de marfil, que creemos está en la Catedral. 

Azulejo en la fachada

Esta iglesia tiene dos coros, uno alto sobre el cancel, en el que sólo hay un pequeño órgano puesto en éstos últimos tiempos, y otro detrás del altar mayor, en el que se encuentra una bonita sillería de nogal, bien trabajada, y sus paredes y cúpula están pintadas al fresco, viéndose en ellas varios grupos de ángeles tocando diferentes instrumentos, las penitentes santas María Magdalena, Rosalía, Genoveva y María Egipciaca, Santo Domingo con la Virgen dándole el sagrado néctar, San  Álvaro en un milagro en que se le tornaron en rosas los pedazos de pan que daba a los pobres. 

Casa de la Hermandad

El Bto. Posadas dando rosarios a los niños y el padre Fr. Luis de Granada escribiendo una de sus obras; también se ve la ermita de la Magdalena con unos frailes entrando en ella: el manifestador del altar mayor da también a éste sitio, y a los lados tiene dos esculturas que representan a San Miguel y San Rafael; el centro del coro lo ocupa un facistol tallado y sobre él el ángel de la fe teniendo a sus plantas la serpiente de siete cabezas; en los dos postigos que dan entrada a esta pieza vemos la Encarnación y a San Miguel castigando a los ángeles rebeldes. 

Vista general de la Iglesia

Cerca de la capilla de San  Álvaro está una campanita que dicen tocaba sola cuando iba a morir algún religioso de la orden y que lo hizo momentos antes de morir san  Álvaro; el vulgo mira con gran respeto ésta campana, asegurando que morirá también el que tenga el atrevimiento de tocarla: en éste lugar se conservan las disciplinas y unos cilicios de este santo, y una cruz de hierro con puntas del Bto. Francisco de Posadas. En las paredes, arcos y bóvedas de la iglesia están pintados varios pasajes de la vida de Santo Domingo y San  Álvaro, algunos santos de la orden y muchos cardenales y obispos de la misma, formando todo un agradable conjunto, si bien las pinturas no son buenas, ni en los retablos y demás adornos de la iglesia reina el mejor gusto, sin duda por la época de decadencia de las artes, que se hizo sentir en el siglo XVIII. 

Frescos del coro

Ya hemos dicho que este precioso templo estaba casi abandonado, toda vez que el capellán tenía que atender a su sostenimiento, al del sacristán, y el poco culto que había, pues se hallaba reducido a la  fiesta del fundador, con lo cual era imposible ver realizar las reparaciones que el tiempo hacía cada vez más necesarias. Condolidos varios devotos del lamentable estado de una iglesia tan venerada, se reunieron a principios de septiembre de 1858 y acordaron formar una asociación con el título del Santísimo Cristo y San  Álvaro, lo que no tardaron en realizar, elevando una exposición en 14 de dicho mes al Obispo D. Juan Alfonso de Alburquerque, quien le dio tan favorable acogida que al siguiente día 15 la decretó concediendo el permiso demandado; en 23 de enero siguiente, o sea de 1859, se presentaron también a su aprobación las reglas por que habían de regirse los asociados, y el 26 fueron aprobadas, viéndose con gusto que devotos y prelado rivalizaban en celo sobre este asunto. 
Más frescos

El pueblo cordobés comprendiólo así y no permaneció indiferente a la realización del pensamiento, siendo muchos los inscritos, hasta reunir un número considerable. Celebróse entonces una junta o cabildo para elegir hermano mayor, siéndolo D. Antonio María Toledano, dignísima persona que contribuyó con su influencia y caudal, auxiliado con otras limosnas, a que en los años de 1860 a 1861 se hicieran las reparaciones de la Iglesia y a que se levantase nueva fachada, poniendo entonces los lindos versos que vemos sobre la puerta principal, los que son debidos a nuestro malogrado amigo el poeta y arquitecto D. Pedro Nolasco Meléndez. 

Cabecera del altar mayor

La fama de este santuario, realzada con las grandes mejoras realizadas constantemente por la nueva Asociación, atraía más cofrades y devotos, y hasta en una de las veces en que los duques de Montpensier fueron a éste sitio, 15 de marzo de 1861, inscribieron sus nombres como cofrades; súplica análoga hizo el señor Toledano al Infante D. Francisco de Paula Antonio, el que en 20 de julio del mismo año pasó una comunicación declarándose hermano protector, y el 4 de octubre de 1862 se dirigió otra exposición a la reina Dª. Isabel II, la que por Real Cédula de 3 de diciembre del mismo año accedió a que figurasen como tales cofrades ella, su esposo y sus hijos el Príncipe de Asturias, hoy Alfonso XII, y la infanta Dª. Isabel: 

Altar

la Hermandad agradeció en extremo tan señalada honra, y queriendo demostrarlo así a las reales personas acordó en 6 de diciembre de expresado año regalar a Su Majestad un relicario de plata que guardase una de San  Álvaro, ofreciéndose D. Antonio Toledano a entregarla en persona, oferta cumplida en 25 de abril de 1863, al mismo tiempo que participaba que en 23 de enero anterior habían  elegido por su Hermano mayor al Príncipe de Asturias, quedando el Sr. Toledano como su Teniente; éste nombramiento se ha corroborado en el año 1877, pues al visitar el rey esta capital admitió el acta y diploma que le fue entregado en la Iglesia de San Rafael, puesto que por el poco tiempo que estuvo entre los cordobeses no pudo tener lugar en el santuario de Scala Coeli. 

Capillas laterales

Estas y otras muestras ha dado la Hermandad, del celo que le anima en pro de aquel precioso santuario, en el que constantemente está realizando grandes mejoras y aumentando el culto, por cierto muy lúcido en la función anual que se le dedica en 19 de febrero, día de San  Álvaro, dando lugar a una muy numerosa romería; en el quinario que se consagra al Santísimo Cristo en los cinco primeros viernes de Cuaresma, además de ser adorado en la noche del Jueves al Viernes Santos, en el día de la Candelaria y en el de la Cruz, celebrándose además todos los años unas solemnes honras por eterno descanso de los cofrades difuntos. 

Más frescos en el techo

La memoria del primer Hermano mayor D. Antonio María Toledano, a quien tanto debe la Asociación, fue honrada dignamente, y se le dio sepultura debajo del altar del Santísimo Cristo, deseo manifestado por aquél irreemplazable devoto. De las Ermitas que se edificaron en las inmediaciones de ésta iglesia se conservan tres, o sean las de San  Álvaro, la Santa Cruz y Santa María Magdalena, de las que cuidan los devotos; asimismo se conserva el Calvario, o sea el número de cruces preciso para la Vía sacra celebrada en los viernes de Cuaresma. 

Entrada

Nada más diremos del término de Córdoba, no por falta de datos sino porque sería interminable nuestro trabajo si fuésemos a referir y describir el cúmulo de consejas y tradiciones contadas de cada lugar que visitásemos; además, nuestros lectores deben estar cansados de éstas pesadas narraciones y desearán volverse a Córdoba, donde espero contarles cuanto he sabido del barrio de la Catedral, el más extenso y el último de mis paseos.”


Fotografías y vídeos del autor
Bibliografía de Paseos por Córdoba de T. Ramírez de Arellano.

Este es solo un extracto del texto completo.

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